Antes de entrar a comentar el juego en sí, haremos un poco de historia sobre él. Fue Avalon Hill quien editó este título en 1996. La empresa norteamericana estaba dando sus últimos coletazos y de aquí que se imprimieran pocas copias del Hannibal. Este hecho provocó que al poco tiempo ya se convirtiera en un objeto de coleccionista y con el paso de los años su precio iba subiendo hasta llegar a la exageración.
Fue a partir del año 2000 que empezaron los rumores sobre una posible reedición. Por una parte se decía que Hasbro, propietaria de los derechos de Avalon Hill, quería crear una línea de juegos “serios” aprovechando el bagaje de AH. También se comentaba que algunas firmas dedicadas a los wargames estaban dando pasos para hacerse con los derechos de Hannibal. Ninguna de estas suposiciones llegó a buen puerto.
El primer rayo de luz que vieron aquellos que deseaban una reedición de Hannibal se produjo cuando Valley Games anunció que iba a “lavar la cara” a algunos clásicos. Internet se convirtió en un gallinero y no fue hasta que la propia empresa confirmó que uno de los juegos elegidos era el Hannibal que se colmó la impaciencia de los aficionados a los juegos de mesa. Se eligió el método del Preorder 750, es decir, esperarían a tener 750 pedidos para empezar a producir el juego. Esta estrategia de márketing (acaso alguien creía que no se llegarían a los 750 encargos) venía acompañada de una oferta para todos aquellos que hicieran el preorder y que consistía en un conjunto de miniaturas de los generales que incluye el juego.
Retrasos y más retrasos precedieron la publicación de Hannibal: Rome vs Carthage. A principios del mes de octubre comenzaron los envíos y fuimos los europeos los primeros en ver el juego, ya que éste se distribuía desde Alemania. Las quejas no se hicieron esperar porque, además de la espera de los jugones norteamericanos y de otras partes del mundo, muchos de ellos vieron como algunas tiendas online comenzaban a vender el juego a precios incluso más bajos que en preorder. Valley Games ha explicado que este hecho se debe a que ellos no pueden controlar las ventas pero la verdad es que levanta las suspicacias de los pacientes compradores que quizá no confíen en un futuro del método de preorders.
Los primeros paquetes llegaron a España durante la última quincena de octubre y poco a poco los foros se iban llenando de palabras de halago ante la reedición de Valley Games. Eso sí, de las miniaturas ni rastro. La propia empresa canadiense prefirió no entregar una primera remesa de miniaturas porque las encontraba deficientes, por lo que enviará a todos los compradores de preorder un conjunto nuevo de miniaturas de forma totalmente gratuita. De momento, estamos a diciembre, andamos esperando este regalo.
Vayamos al juego. Destaca en primer lugar la caja, pequeña para ser un wargame pero rebosante de elegancia. La portada de Mike Doyle es muy acertada, mostrando un Hannibal en primer plano y, en cierta manera, es un homenaje a la portada original de Avalon Hill. Llama la atención también que en uno de los laterales de la caja aparece la inscripción “Tactics Line 1”, dando a entender que quizá Hannibal sea el primero de una serie de juegos del mismo estilo.
Al abrir la caja nos encontramos con la primera sorpresa que depara el juego: el tablero. Valley Games ha optado por ofrecer un tablero-puzzle de diez piezas que ofrece una impresión inmejorable. Se une a la perfección y el efecto visual es bastante bueno. Además evita que se combe con el tiempo como pasa con algunos tableros de cartón y a la vez se aleja de los mapas de papel que ofrecen otras empresas.
No es la única sorpresa que tiene preparada la caja. Los dos dados que acompañan el juego están personalizados para cada bando (romano y cartaginés). De esta manera, uno de los dados muestra la numeración romana mientras que en el otro figuran los símbolos cartagineses para designar los números del uno al seis. Es un toque original que da buena muestra del esmero que ha puesto Valley Games en cada uno de los elementos de Hannibal: Rome vs Carthage.
Las fichas y las cartas se encuentran en un nivel alto de calidad. Las fichas tienen un grosor considerable y las cartas tienen una medida un poco más estrecha que las habituales y su grosor es el normal. Las figuras de los generales en cartón vienen acompañadas de unas peanas de plástico que cumplen su función, sin más.
La caja viene acompañada de un separador de plástico interior en el que podemos colocar casi todos los componentes. Hay que realizar algún esfuerzo para acabar colocándolo todo en un lugar razonable pero al final quedan todas las fichas, dados y cartas en su sitio.
El reglamento es muy claro, maquetado de una forma muy simple pero efectiva. Tras una introducción histórica pasaremos a las reglas. Éstas no han sufrido ninguna modificación en relación a la versión de Avalon Hill y es un hecho que se agradece. Aparecen algunos gráficos en color pero lo que más destaca es el tamaño de letra elegido (casi el doble de lo habitual en los reglamentos de wargames) y la distribución en dos anchas columnas que facilitan la lectura del texto.
Finalmente, cada jugador dispondrá de dos hojas de ayuda que desgraciadamente contiene una errata en el apartado de refuerzos del jugador cartaginés, repitiendo los refuerzos que recibe en Hispania. El manual del juego lo explica de forma correcta.
Todos estos componentes de altísima calidad no tendrían demasiado sentido si el juego no estuviera a su mismo nivel. Que el reglamento no haya cambiado después de más de diez años desde que vio la luz es una muestra de que Hannibal: Rome vs Carthage es un clásico por derecho propio y que podrá seguir divirtiendo a miles de jugadores en los próximos años.
Hannibal: Rome vs Carthage se basa en el sistema Card-Driven Game (juego con motor de cartas) que apareció por primera vez en otro clásico de Avalon Hill, We the People. De esta manera, los dos jugadores (uno representa a los romanos y el otro a los cartagineses) van usando las cartas de su mano para realizar las acciones posibles en el juego. En el caso de Hannibal: Rome vs Carthage podrán colocar refuerzos, mover sus ejércitos, ganar control político y provocar eventos para obtener ayuda en su empresa. La fluidez que da el juego con cartas ayuda a que sea un juego muy divertido que se puede completar en una tarde y que los jugadores noveles disfrutarán a pesar de ir a un paso más lento para consultar reglamentos, pensar estrategias y otras circunstancias que causan que las primeras partidas sean un poco más enredadas.
El juego está ambientado en los enfrentamientos entre la Cartago de Aníbal Barca y el Imperio Romano que se sucedieron alrededor del año 200 adC. Durante la partida, el jugador cartaginés puede emular la aventura de Anibal en los Alpes y quien sabe si al final llegará a conquistar la mismísima Roma, el jugador romano puede lanzarse a la conquista de Hispania o intentar con éxito lo que no se produjo en la realidad, taponar la entrada de Italia por los Alpes. Las variantes son numerosas y siempre hay que estar vigilando los movimientos del enemigo para no dejar huecos por donde pueda conseguir conquistas fáciles.
Las partidas se desarrollan durante nueve turnos, al final de los cuales se comprueba si hay una victoria automática. Ésta se produce en el momento que Cartago controle Roma (o todas las provincias en Italia exceptuando Latium) o cuando Roma controle Cartago. Estas dos circunstancias no se suelen dar y la victoria se suele determinar en el último turno comparando los puntos políticos de cada bando. Éstos se consiguen teniendo mayoría en el control político de las 18 provincias que puntúan.
El equilibrio está muy conseguido y mantiene a los dos jugadores con un control de provincias muy similar durante la partida. Así, el cartaginés debe intentar el ataque a Italia y zonas colindantes si quiere tener opciones de victoria y el jugador romano no puede quedarse a “verlas venir” porque el contrario irá conquistando territorio en su campaña bélica. Otra opción para obtener la victoria automática es la de conseguir que el otro jugador se quede sin marcadores políticos en el mapa.
Es aquí donde entra uno de los elementos básicos de Hannibal, los generales. Solamente un ejército con general puede moverse o navegar por mar, lo que ya indica la importancia de esta figura. Cada uno de ellos, excepto el pobre Asdrubal, dispone de una habilidad especial que los diferencia de los otros generales (además de su capacidad táctica y de mando indicada de forma numérica en la ficha). Por ejemplo, Aníbal puede usar algunas cartas de combate como si fueran otras Mago puede navegar con más seguridad que los otros generales cartagineses o Scipio Africanus es mejor realizando asedios. El conocimiento de estas habilidades, de las propias y las del contrario, nos darán sin duda una ventaja ante un rival que obvie las diferencias entre cada general.
Los combates contienen otro de los aspectos más destacables del juego. Al contrario de lo que ocurre en la mayoría de wargames, en Hannibal los jugadores resuelven los combates mediante cartas que contienen diversas tácticas militares que se usaban en la época. Al iniciar una batalla cada jugador coge un número de cartas de combate que viene determinado por diferentes variables como el factor de capacidad táctica del líder, el tamaño del ejército, los aliados en el territorio, cartas de evento,... El atacante muestra una de sus cartas y el defensor debe replicarle enseñando una carta igual. En caso de que tenga éxito, el defensor puede intentar contraatacar obteniendo una tirada exitosa frente al factor de combate de su propio general. De esta manera se van desarrollando las refriegas hasta que un bando se retira o el jugador no puede mostrar una carta igual a la de su rival. Este sistema que parece tan sencillo e incluso alejado a los métodos más ortodoxos, va tomando su sentido cuando ya se han jugado una serie de partidas y se dominan aspectos como las habilidades de los líderes, el número de cartas de cada táctica, así como las acciones especiales que permiten algunas de ellas, y los entresijos psicológicos de este tipo de batallas. No es un sistema perfecto pero en mi opinión tampoco es tan desdeñable como algunos aficionados piensan. En primer lugar consigue que los combates sean algo único en sí mismos, que haya emoción hasta el último momento y que, por qué no, un golpe de suerte, picardía o habilidad permita acabar con el ejército más poderoso. Como defectos se puede esgrimir que a veces retrasan y enredan el devenir de la partida, más por su preparación que por su desarrollo, y que si no se domina bien el sistema de combate es muy fácil caer derrotado aún teniendo una manifiesta superioridad.
Aquí es donde entra la característica que más me gusta del Hannibal: Rome vs Carthage. Se trata del equilibrio que existe entre las ventajas de un bando y las desventajas de otro. Si por ejemplo, los cartagineses tienen serias dificultades para navegar (deben tirar en una tabla para saber si sus viajes son exitosos), los romanos se mueven como pez en el agua y de forma automática (nunca mejor dicho). Los cartagineses son penosos realizando asedios y, en cambio, los romanos pueden hacerse con las ciudades de una forma más rápida. Los romanos deben cambiar cada turno de generales y nombrar procónsules para conseguir la movilidad necesaria con la que hacer frente a Aníbal mientras que los cartagineses mantienen sus líderes y estos son, por lo general, más potentes que los romanos. En el turno 6 entra en escena Scipius Africanus, con el que el jugador romano se puede lanzar a la aventura de conquistar África o incluso Hispania, mientras que el jugador cartaginés debe ser muy cuidadoso con Aníbal porque su pérdida es un duro golpe y se hace muy difícil la victoria. Estos aspectos y otros más están muy bien entrelazados y cuando da la impresión que alguno de ellos da una ventaja definitiva, aparece una habilidad de un líder, una carta de evento o un movimiento del contrario que la anula. Hannibal es un juego que en las primeras partidas se puede andar un poco perdido pero a medida que se va conociendo también se descubren formas de contrarrestar las jugadas del otro jugador y, en definitiva, se degusta mejor.
En esta reseña no he querido profundizar demasiado en las reglas del juego porque están disponibles en Internet y se pueden leer en pocos minutos. Hay que resaltar que en un reglamento bastante escueto para ser un wargame aparecen las normas para realizar asedios, navegar por mar, cruzar los Alpes, someter tribus, contar con la ayuda de aliados, recrear eventos históricos y una serie de elementos que dan una buena idea de lo completo que es el juego. De hecho, un jugador de Hannibal podrá, con poco esfuerzo, adentrarse en el mundo de los Card-Driven Games y disfrutar de una partida de Sword of Rome, We the People, Successors,... y con dedicación pasar a otros un tanto más complicados como puede ser Paths of Glory o Barbarossa to Berlin. Es sin duda un buen juego para iniciarse en el mundo de los wargames y una excelente opción para aquellos aficionados más versados que buscan una alternativa para ocupar una tarde con un título equilibrado, divertido y desafiante. Sin duda, un clásico.
Lo mejor: La edición es magnífica y con un precio muy ajustado, un ejemplo a seguir en el futuro. El juego es una perfecta introducción al mundo de los wargames y el sistema de juego con motor de cartas.
Lo peor: Las erratas del tablero y de las ayudas del jugador, así como algunos errores de puntuación en el manual, que empañan un trabajo tan bien realizado en líneas generales. La posibilidad de que el sistema de combate mediante cartas no guste aunque, a medida que se juegan más partidas, se descubren los entresijos de este método.
- COMPONENTES:





- REGLAMENTO:





- DIFICULTAD: (eurogamers):




(grognards): 



- DIVERSIÓN:





- GLOBAL:




















