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Hay ocasiones en que los astros parecen estar alineados, los signos zodiacales ser propicios, el viento soplar a favor y hasta la tostada caer con la mantequilla hacia arriba. Ayer fue uno de esos días que, tras una serie de catastróficas desdichas laborales, y cuando parece que no hay forma humana ni divina de enderezar lo que amaneció torcido, alguien que te conoce muy bien acaba proponiéndote una, a la postre, increíble velada lúdica, y es entonces cuando entiendes porqué sólo quien te entiende, entiende como entenderte.
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