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Me enfrenté por primera vez al sonido del silbato, al olor acre del humo negro, al vapor que libera de presión la caldera, a los pasajeros que necesitan viajar a otra ciudad, a las mercancías que abastecen fábricas o a la importante tarea de transportar correo postal. Me enfrenté también a las agresivas compañías nacionales de ferrocarril y a los terratenientes que se oponen a que las vías de mi pequeña compañía pasen por sus tierras. Me enfrenté a todo eso y me gustó.
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