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El gélido viento se adentró en la espesa barba trenzada hasta llegar a la piel y crear en ella una fina película de escarcha. El invierno ese año había llegado con fuerza pero la caza era el único sustento para la tribu y se requerían hombres fuertes y diestros para entrar en el bosque en busca de algo que echar a la boca de mujeres y niños, a los hombres con un barril de cerveza caliente les era suficiente. Como vikingo le tenía miedo a muy pocas cosas, una de ellas no ser llevado al Vahalla, el paraíso del guerrero, a su muerte. Claro que si supiera que allá arriba, o abajo, vaya usted a saber, se está librando una batalla del copón donde ellos, los vikingos, son carne de cañón pues igual se lo pensaba antes de morir honrosamente.
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