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En mis largos viajes como marino binario he visto maravillosas torres construidas con piezas de Lego; otras con las maderas mas nobles, que daba gusto contemplar; las más frágiles de papel, desafiando a los elementos. Algunas otras con mecanismos inimaginables desarrollados por gnomos chiflados o las más temerarias, de altura imposible, inexpugnables.
Pero mi memoria siempre atraía el recuerdo de la impoluta transparencia de una torre que contemplé cierta vez en un puerto mercante. Una estructura sin mácula, de armoniosa verticalidad y estilo singular. Una torre de cristal...
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